Adicción al celular en adultos mayores: cuando el móvil calma y a la vez inquieta

La nomofobia, o miedo a no tener el celular, trasciende lo juvenil y se arraiga en los adultos mayores. El dispositivo, esencial para la seguridad y la conexión, se vuelve paradójicamente una fuente de ansiedad y dependencia emocional. Esta problemática silenciosa requiere un enfoque empático para garantizar que el celular siga siendo un aliado, y no un ancla.

Un hombre mayor sonriente sosteniendo una taza de café y usando su celular. Esta imagen refleja la adicción al celular en adultos mayores y su conexión emocional con la tecnología.

En estos tiempos, el concepto “nomofobia”, que alude al temor irracional a no tener el celular cerca, ha trascendido de lo juvenil y se ha vuelto algo común “entre diferentes generaciones”. Si bien se asocia a jóvenes, está problemática también afecta a los adultos mayores, quienes paradójicamente no crecieron con la tecnología, pero la necesitan para estar en contacto. 

En ese contexto, la adicción al celular en adultos mayores surge como una manifestación silenciosa de esta creciente dependencia digital, impulsada por la necesidad de contacto, acompañamiento y seguridad.

Para muchos, el móvil es su conexión diaria con la vida, permitiéndoles hablar con sus seres queridos, ver fotos familiares, tener citas médicas virtuales o sentirse acompañados. Pero si esta conexión se vuelve una necesidad constante, puede generar ansiedad por desconexión.

La palabra nomofobia viene de “no-mobile-phone phobia” y describe la aflicción al no poder usar el móvil por falta de señal, batería o internet. En el mundo hay más de 18.22 mil millones de dispositivos móviles en uso, y en promedio una persona lo revisa unas 96.58 veces al día. Esto muestra cómo el móvil es parte esencial de la rutina.

El 67.9% de la población mundial tiene internet, facilitando la conexión, pero aumentando la dependencia. Los estudios se enfocan en cómo esto afecta a las personas mayores de 60 años, sobre todo tras la pandemia, cuando el móvil o una pantalla digital fue su principal contacto social y la hiperconectividad dió impulso a una nueva era de nomofobia post pandemia.

Nomofobia: adicción al celular en adultos mayores, entre la conexión y la ansiedad

Los adultos mayores experimentan una relación emocional diferente con la tecnología. Para ellos el celular no es solo entretenimiento, es seguridad, compañía y vínculo. 

Sin embargo, ese lazo puede volverse una dependencia. La adicción al celular en adultos mayores se manifiesta cuando el dispositivo pasa de ser una herramienta de comunicación a una fuente constante de ansiedad. 

Revisar constantemente si alguien ha llamado, sentir inquietud si el dispositivo está descargado o ansiedad al no recibir respuesta, son señales claras de una nomofobia emocional, donde el miedo no es perder el teléfono, sino perder el contacto humano que representa.

Un estudio publicado en Scientific Reports (2025) indica que casi el 7% de las personas mayores de 60 años tienen un uso prolongado de pantallas, y un 13% las usan antes de dormir, alterando su descanso y aumentando el estrés digital.

“En los adultos mayores, el celular cumple una función emocional muy fuerte, les brinda sensación de compañía y pertenencia. Lo digital es útil, pero superficial. No sustituye un abrazo, una sonrisa o la convivencia cara a cara. La nomofobia en la vejez está estrechamente ligada al debilitamiento de los vínculos sociales reales.Comentó Virginia Samayoa, psicóloga clínica especializada en tanatología y logoterapia, y activista en salud mental, quien ha trabajado con personas mayores en Guatemala.

Efectos de la adicción al celular en adultos mayores

Además de su impacto emocional, la nomofobia provoca consecuencias físicas y mentales que afectan la calidad de vida de los adultos mayores. Algunas de las señales y efectos más comunes en adultos mayores que alertan sobre esta dependencia son:

  • Revisar el teléfono constantemente, incluso sin notificaciones.
  • Sentirse molesto o inquieto si se pierde la conexión, la carga o el internet.
  • Evitar salir sin el teléfono ni el cargador, por miedo a desconectarse.
  • Dificultad para dormir o ansiedad nocturna, asociadas al uso prolongado del dispositivo.
  • Fatiga visual y dolor de cuello o espalda, causados por malas posturas y exposición a la luz de la pantalla.
  • Sentirse vacío o tristeza cuando no reciben llamadas o mensajes.
  • Frustración tecnológica o miedo a “no entender” nuevas aplicaciones.
  • Estar más quieto y moverse menos por pasar mucho tiempo con el teléfono.
  • Dependencia emocional al celular y reducción del contacto social presencial.

“Estas manifestaciones de ansiedad pueden ser el reflejo de un miedo más profundo: el miedo al abandono. Muchos adultos mayores han perdido seres queridos y su círculo cercano, por lo que el teléfono se convierte en su ancla emocional.” Comenta Samayoa.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado sobre cómo el uso excesivo de pantalla digital en  adultos mayores  pueden intensificar su soledad y perjudicar su salud mental. 

En países como Japón y Corea del Sur, ya existen iniciativas de detox digital para seniors”, mientras que en Europa se promueven talleres de alfabetización digital emocional para enseñar a reducir la ansiedad tecnológica que puede generar. En regiones como Latinoamérica, el teléfono móvil se ha transformado en el principal medio para comunicarse con familiares en el extranjero, adquiriendo así un valor emocional aún mayor.

Muchas veces esta ansiedad tecnológica no es el temor a no entender cómo usar aplicaciones, sino el miedo a perderse de algo en el mundo digital. 

“La nomofobia en adultos mayores no nace por el entretenimiento, sino de la necesidad de sentirse conectados y seguros. Acompañarlos con empatía, promover su educación digital y ofrecerles espacios de interacción real son claves para que el teléfono siga siendo una herramienta de compañía, y no una fuente de ansiedad. En un mundo hiperconectado, el reto no es tener acceso a la tecnología, sino aprender a desconectarse sin sentirse solo”, finalizó Samayoa. 

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